Compártelos con tu familia y amigos, 
para bendecir sus vidas.

En el hogar hay momentos buenos y otros difíciles, pero todo comienza en el corazón.
Dios nos llama a restaurar desde adentro: con amor, gracia y buena comunicación.
Pregúntate hoy: ¿qué estoy sembrando en mi casa?
 Un gesto, una palabra amable o el perdón pueden cambiarlo todo.
Nunca pierdas la esperanza: lo que Dios restaura, permanece.

Para que los descarguen, los vean con calma después y los compartan con su familia y amigos.

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